El beso
Tú me regalaste un beso, el beso,
y la noche comenzó a brillar,
con el fulgor de la efímera felicidad,
efímera y dulce de incalculable precio.
El sol nos amaneció, trajo su luz,
insidiosa, asesina de ilusiones,
caja de esperanzas y desesperaciones,
y me explicó que tú no existías, oh, tú.
Y aunque sé que no existes,
no dudo de tu beso, el beso,
y siempre confiaré en que me beses,
en que me regales tu beso, el beso.

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